El Ángel de La Noche

Aún recuerdo cuando le temía a la noche. ¡Era una pesadilla! Cada que recuerdo ese tiempo regresa a mí una sensación un tanto inquietante y melancólica. Creía que mis enemigas eran la luna y las estrellas. Pero sin darme cuenta- yo era mi propia enemiga.  Caía la noche y también caía yo. Entraba en un trance de depresión y ansiedad. El pensamiento del suicidio se volvía mi aliado en esa tormentosa oscuridad. Daba vueltas en mi habitación para calmar los nervios que me atacaban. La noche era un campo de batalla. Yo era el objetivo y mis pensamientos negativos, las balas veloces que mataban todas mis esperanzas de sonreírle a la vida.

Mientras todos a mi alrededor reían y bailaban yo deseaba silenciosamente mi muerte. Mientras todos cenaban con sus seres amados yo arropaba mi soledad con una botella de tequila. Mientras el mundo seguía su curso yo me quedaba atrapada en el abismo de la noche. Mi consuelo era poder ver el amanecer. Pero parecía que tendría que pasar una eternidad para que eso sucediera. Intentaba gritar para pedir auxilio. Pero nadie escuchaba mis gritos desesperados. Ni siquiera notaron que yo aún existía. Me volví un ser invisible para aquellas personas que deseaba que me vieran.  Sabía que no podría vivir el resto de mi vida así. Sabía que no podía continuar huyendo de la noche. En la iglesia aprendí a rezarle a Dios. Pero nunca aprendí cómo ahuyentar los miedos internos.

Una noche algo paso que cambio por completo la manera en que me sentía en esa oscuridad. Estaba tratando de dormir. Cerraba mis ojos, pero las voces en mi cabeza me perturbaban al extremo de que empecé aventar objetos contra la pared. Estaba furiosa de no poder ser feliz como los demás. Empecé a reclamarle a Dios por todo el sufrimiento que me había mandado. Odie con todas mis fuerzas la energía infinita del universo. Odie todo. Estaba temblando de la furia que sin darme cuenta avente mi lampara contra el espejo del cajón. Me detuve al ver que había estallado. Pero me quedé inmóvil cuando mire una luz en ese espejo quebrado. Cerré mis ojos porque creí que estaba alucinando. ¡No alucinaba! En verdad estaba viendo una luz en ese espejo. De inmediato me arrodillé y comencé a orar. Le pedí perdón a Dios por haberlo ofendido con mis reclamos. Y esa luz la nombre el ángel de la noche. Comprendí esa noche que incluso en los momentos oscuros hay una luz que siempre nos cuida y nos guía. Incluso podemos creer que estamos rotos como ese espejo, pero aun así hay un ser que nos ama y nos cuida.

 Yo estaba tan cegada de dolor que no podía ver más allá de la oscuridad. Entendí que todos mis miedos eran fruto de los pensamientos negativos que yo misma había creado. Nadie me abandonó. Yo fui la que me había abandonado a mí misma. Me abandoné cuando permití que los demás pisotearan mi dignidad y valores. El día que deje de soñar con mi propio corazón deje de vivir. Fue ese día que entré a la eterna oscuridad de la noche.  Pero el ángel de la noche se dejó ver para que yo pudiera creer en lo intangible. Creo que de ahí es donde nace la Fé. Me alegro tanto que las cosas sucedieran de tal manera. Me ayudó a cambiar mi perspectiva sobre la noche. Ahora no le temo a la oscuridad porque sé que mi luz brilla tanto como el sol en el día.  Cada vez que la luna sale me pongo feliz porque sé que volveré a ver al ángel de noche.

Consejo del día

No te estanques en los problemas. Busca una solución. Mantén la actitud positiva. Cree en ti y en Dios. Cree en la bondad de la vida. Cree en los milagros. Cree en todo lo bueno. No te enfoques en las cosas negativas. Se amable contigo mismo/a. Cada obstáculo que atravesamos es un escalón para llegar a la cima.  Recuerda mantener un corazón agradecido. Bendiciones. 

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